Yehoshua, Orfeo y la cruz

Yehoshúa, Orfeo y la Cruz, 
 

Yehoshúa (Yeshua, Yesh”u, o Jesús)  no es la única personalidad que aparece crucificada en la iconografía de una religión. En realidad, hay muchas más.   ¿Por qué la importancia de la cruz en la iconografía religiosa de las religiones indo-europeas antiguas?   Porque tiene un simbolismo astrológico.   

El punto más lejano entre la Tierra y el Sol es el solsticio de invierno, que actualmente acontece el 22 de diciembre en la madrugada, si bien en la antigüedad acontecía el 25 (los tres días que se ha recorrido el fenómeno son consecuencia del margen de error del Calendario Gregoriano, cuyo sistema de ajuste -año bisiesto de 366 días cada cuatro años- es insuficiente).   En el hemisferio norte, se aprecia un fenómeno muy singular que inicia tres días antes del solsticio: parece que el sol se deja de mover en su recorrido Norte-Sur.   Entendámonos: ¿qué es el “recorrido Norte-Sur” del sol? Es una ilusión óptica generada por el movimiento de traslación de la Tierra. La referencia obligada es el punto donde sale el sol al amanecer, sobre el horizonte. Conforme se va acercando el Invierno, ese punto se orienta hacia el sur un poco más cada día, de tal modo que el 22 de diciembre (solsticio de Invierno), el sol aparece al amanecer en su punto más al sur posible. A partir de ese día, la ilusión óptica es que el sol empieza a aparecer cada mañana un poco más hacia el norte, de tal modo que medio año más tarde -en el solsticio de verano- aparece por su punto más al norte posible, y vuelve a comenzar su “regreso” hacia el sur.   Hay que hacer otra observación: en la antigüedad, bajo la creencia de que la Tierra era la que estaba fija y el sol era el que se movía (el famoso esquema de Ptolomeo), la idea es que el sol era quien se movía de norte a sur (hoy sabemos que es completamente al revés, y que dicho “movimiento” es -como ya mencioné- una ilusión óptica).   

Los últimos tres días antes del solsticio de Invierno, el sol surge exactamente en el mismo punto. Por eso, se dice que “se detiene”. Tomando en cuenta que el invierno es, por excelencia, la estación donde la naturaleza está “muerta”, en todas las mitologías se habla de la “muerte del sol” durante estos días.   ¿Dónde “muere” el sol? La constelación en donde aparece el sol al momento del amanecer durante estos tres días es la llamada Cruz del Sur. Por eso, en las mitologías solares -como la de Orfeo- se dice que “el sol muere en la cruz, y permanece muerto durante tres días”.   

En la mañana del solsticio de Invierno, el sol empieza su “regreso” hacia el norte. Eso, para las tradiciones mitológicas de la antigüedad, significa que el sol regresa su camino hacia la vida. En esa mañana, en el momento del amanecer se produce otro interesante fenómeno astronómico: la estrella más visible en el cielo es Cirio (Kyrión), que es seguida en una línea casi recta por las tres estrellas del Cinturón de Orión, formando una suerte de flecha que señala el punto en donde “nace” el sol. Las tres estrellas apuntan hacia el sol desde el Oriente.   Una “estrella del Oriente” seguida por “tres estrellas” para señalar el lugar en donde “nace” el sol.   Si estos datos astronómicos están empezando a sonarles familiares, debo anticipar que todavía faltan más cosas dignas de tomar en cuenta.   Ya dijimos que el “viaje” del sol hacia el norte fue interpretado en las mitologías antiguas como una “regreso” a la vida. ¿En qué momento “triunfa” la vida del sol sobre la muerte? En el equinoccio de Primavera. La razón es, astronómicamente, muy simple: a partir de ese momento, los días empiezan a ser más largos que las noches.   El sol ha vuelto a la vida. Ha “resucitado” (si les interesa el dato, el evento acontece en el mes de abril).   Seis meses después, sucede lo contrario: el sol va en camino de “ocultarse” otra vez, y a partir del equinoccio de otoño, las noches empiezan a ser más largas que los días. El sol está “enterrado”. Esta condición es vista de muchas maneras en las mitologías, y una muy interesante es esta: a sabiendas de que en el solsticio de Invierno el sol va a “nacer” (iniciar su “regreso” hacia el norte para “regalarnos” la primavera), este “encierro” que va desde septiembre hasta diciembre es visto como un “embarazo”: el encierro del sol que se prepara para su nuevo nacimiento.   ¿En qué mes acontece el encierro o embarazo del sol? En septiembre, el mes de Virgo.   La virgen concebirá.   Todos estos elementos son propios de las religiones solares. Por lo tanto, están ausentes por completo del Judaísmo.   En cambio, están perfectamente claros en el Nuevo Testamento:   a) Jesús fue “concebido” por una virgen. b) Jesús nació en un punto señalado por una estrella de Oriente que fue seguida por unos magos también de Oriente (aunque no se diga fecha, para cualquier persona conocedora de mitología solar el dato está muy claro: en la antigüedad, sólo el 25 de diciembre ocurría ese fenómeno en el cielo). c) Jesús murió en una cruz y permaneció muerto durante tres días. d) Jesús resucitó después del equinoccio de Primavera.   No cabe ninguna duda. Estamos ante un mito solar bastante típico.   Los únicos dos puntos de ese esquema que pretenden tener una base en l Judaísmo son el a) y el c), y se apela a Isaías 7:14 y al hecho de que los romanos crucificaron a Jesús.   Pero es un hecho sobradamente claro que Isaías 7:14 JAMÁS habla de una virgen concibiendo. El texto en hebreo dice “LA JOVEN ESTÁ ENCINTA, Y DARÁ A LUZ UN HIJO”. Dice JOVEN, no virgen, y el tiempo verbal es PRESENTE, no futuro. Simplemente, en el Nuevo Testamento se alteró el sentido de este texto para poder incorporarlo a la mitología solar con la que se construyó la personalidad del Jesús cristiano.   Por su parte, la muerte en la cruz es interpretada de un modo radicalmente diferente por el Judaísmo. Para nosotros, esa fue la muerte de los héroes que defendieron a Judea contra el Imperio Romano. Nada más. Si han de resucitar esos héroes, será en el Día Postrero.   Pero el cristianismo -y el Nuevo Testamento- tiene otra óptica: morir en la cruz, morir tres días, sólo para luego resucitar y que triunfe la vida.   Es el mito solar. Por eso, se van a encontrar estos mismos elementos en muchas otras mitologías.