Infiltración misionera


Una obsesión de los misioneros es demostrar que se puede ser judío y creer en Yoshke. Esta es la base de sus labores y la premisa sobre la que fundamentan sus enseñanzas. Contrario a lo que afirma la Halaja: “Una persona de (el pueblo de) Israel que sirve a la avodah zarah (otra creencia, idolatría), es como un idólatra gentil para todos los efectos, no se lo considera como a un judío que ha pecado y merece pena de lapidación. Un judío mumar -renegado- que (se convierte otra Fe) idolatría, reniega de toda la Torá. Así mismo con los apikorsim -impíos rebeldes- de (el pueblo de) Israel, no son considerados como judíos para ninguna cosa, y no se les acepta jamás su arrepentimiento…” (Rambam, Mishné Torá, Hiljot Avodat Cojavim 2:5)

La Infiltración Misionera consiste en el último estadio de propaganda religiosa que les sirve para darse una aparente legitimidad judía que tanto desesperan conseguir: como no se les ha hecho fácil formar buenos remedos de comunidades judías, entonces desean incluirse por debajo en grupos judíos.

Los Misioneros son personas sin escrúpulos, llenas de trucos y juegos psicológicos que usan para conseguir su fin. Si alguien les pregunta: ¿crees en Yesh’’u? Tienen el descaro de responder: “No”, para luego irse por detrás y susurrar con malévola sonrisa: “en yeshu no, en Yeshúa”.

Otro de sus trucos: no se refieren a sí mismos como “misioneros” sino como “judíos” (en sus mentes retorcidas, Pablo les enseñó a hacerse pasar “al judío como judío, al griego como griego”); y también rechazan que se les llame “misioneros” porque dicen que no desean misionerizar, sino sólo vivir su fe… claro, vivir su Fe, pero robando legitimidad, usando sucios trucos de distracción y esperando largo tiempo en hibernación (como una bomba de tiempo, esperando años para explotar).

Que crean en sus dogmas no es lo peligroso, lo peligroso es su acercamiento a personas y organizaciones judías, donde roban legitimidad para sí mismos, dejando tras de sí una ola de indignación y de desengaño.

Los lugares donde prefieren infiltrarse son: grupos de kabalah y jasidut, cursos virtuales y presenciales (de diversos temas: desde historia judía hasta idioma hebreo), comunidades tradicionales, nuevas colectividades judías, en conversiones, en grupos de aliyah, en casi todo.

En la ciudad de Denver ocurrió un caso muy renombrado: una pareja de misioneros se allegaron a una comunidad ortodoxa, se hicieron pasar como judíos, se ganaron la confianza de las personas y no fue sino hasta el final que se supo de su verdadera identidad, baruj HaShem, esto ocurrió previo a una aliyah que pretendían sacar cuando los rabanim se enteraron de la verdad y retiraron todas sus cartas de recomendaciones.

Otro caso: Ni siquiera una organización tan prestigiosa como Jabad ha salido ilesa de estos terroristas de almas: en repetidas ocasiones han denunciado intentos misioneros por infiltrarse en sus filas. Comenta el sitio web lubavith.com (http://lubavitch.com/news/article/2017012/Chabad-Alerts-Students-and-Community-to-Proselytizers-Techniques.html):

“Los Mesiániacos han tratado de infiltrarse en Chabad Ft. Collins desde su establecimiento hace dos años”

-continúa comentando Rabbi Gorelik:

Cuando me mudé, ellos querían ser mis amigos para ganarse legitimidad. Ellos me necesitaban para darles información, para enseñarles judaísmo y así ellos pudieran continuar sus engaños… Cuando Chabad sacó un curso de hebreo, los miembros de la congregación mesiánica se apuntaron en masa. Ellos también intentan unirse a los programas que sacamos en Chabad para las festividades… Usan muchos trucos.”

La infiltración misionera es un tema preocupante para todos: daña las comunidades judías y fortalece la avodah zarah porque lo poco que alcanzan a aprender lo tuercen y lo usan para amalgamarlo a su neo-cristianismo hebraizado.

Pero no solamente afecta directamente a las organizaciones judías, sino que como resultado de tantos engaños, trucos y mentiras, también creará sentimientos negativos que pueden afectar a aquellos que con sinceridad y buen corazón desean acercarse al judaísmo a aprender.

No hay un método seguro para blindarse, salvo ser siempre transparentes y hablar del tema sin tapujos. Así se evitarán dolores de cabeza y no se caerá en el grave error de hacerse de la vista gorda ante la infiltración misionera o por el contrario llegar al extremo pecado (que el Cielo nos guarde!) de cerrar las puertas a los que de verdad se acercan con sinceridad.