La Tradición

La Tradición

Por: Rab Avigdor Miller
S.-
J.- Pero todos los hombres tienen deseos que los sobornan evitándoles ver la Verdad. Los científicos materialistas al igual que los idólatras. Entonces, ¿cómo es posible para un hombre ver la Verdad?
S. –En la actualidad los únicos hombres capaces de reconocer la Verdad son aquéllos que la adquirieron por tradición.
J. –Pero los hombres pueden no desear atenerse a la tradición. Pueden alegar que sólo aceptan aquello que sus ojos pueden ver.
S. –¿Creen ellos que George Washington existió?
J. –Seguro que sí.
S. –¿Y cómo lo saben? ¿Alguno de ellos lo vio?
J. –Es cierto señor que toda persona se apoya en alguna forma de tradición, pues todo conocimiento de la historia es a través de la tradición. Pero George Washington es una tradición aceptada por todos los hombres.
S. –De ninguna manera. El vulgo de África, el Cercano Oriente, India, China y Japón, no supieron nada de él en ninguna generación. Aún hoy, la mayor parte de la humanidad no conoce su nombre.
J. –Pero miles de sus compatriotas lo conocieron.
S. –¿Alguna vez hablaste con alguien que lo conoció?
J. –No, pero un hecho tan conocido debe ser aceptado como verdadero.
S. –¿Cómo sabes que George Washington era muy conocido en su época?
J. –A través de la historia escrita y por la historia oral que pasó de generación en generación.
S. –Entonces nuestra historia escrita, la Biblia, está más difundida en el mundo que la historia escrita norteamericana, al igual que nuestra historia oral tiene más difusión mundial que la historia oral norteamericana. La historia norteamericana admite que sólo miles de personas conocieron a George Washington, mientras que la historia judía insiste en que la entrega de la Torá en el Monte Sinai fue presenciada por millones. Muchos millones de personas de nuestra nación en todas las generaciones testificaron las tradiciones históricas que escucharon de sus propios padres, sin mencionar los millones y millones de musulmanes y cristianos que por siglos han creído y siguen creyendo hoy en día en este hecho histórico. No existe una sola tradición histórica en el mundo incluyendo los últimos acontecimientos de nuestro tiempo, que tengan tanta autenticidad como este hecho tanto en los testimonios escritos, como en la opinión pública basada en la tradición. Los norteamericanos en su mayoría, no recibieron de sus antepasados esta tradición de George Washington, pues ellos eran inmigrantes irlandeses, italianos, alemanes o eslavos que se establecieron en los Estados Unidos mucho tiempo después que Washington murió. Pero los judíos actuales son los descendientes de hombres que vieron las diez plagas que asolaron a Egipto, que fueron liberados de la esclavitud egipcia, que cruzaron en seco el Mar Rojo y vieron la entrega de la Torá en el Monte Sinai; y estos hechos les fueron relatados por sus propios padres, de generación en generación, además de poseerlos por escrito desde el principio, cuyo texto original ha sido transmitido hasta nuestros días sin la más mínima alteración. Más de dos siglos antes que se destruyera el Segundo Templo, nuestras Escrituras se tradujeron al griego. Desde entonces, las naciones del mundo han tenido nuestras Escrituras y atestiguan su texto. Esto sucedió sólo seis siglos después del Rey Salomón. Además los escritos de Josefo han estado en manos no judías durante 2000 años. Pero por encima de todo, está el hecho claro que nuestra nación, por más que se retroceda en los anales de la historia, proclama en forma unánime, la autenticidad y autoridad de las Escrituras.
J. –¿No tienen las otras naciones tradiciones con doctrinas distintas?
S. –Sus propias tradiciones refutan sus religiones y comprueban su falsedad.
J. –¿Cómo?
S. –Las tradiciones de los hindúes, chinos, eslavos, escandinavos, griegos, romanos, fenicios, asirios y egipcios, se muestran a sí mismas como una vaga y confusa mezcla de fantásticas mitologías. Aunque tuvieron filósofos y maestros, ninguna de estas tradiciones trata de hacer remontar una tradición ordenada o verosímil de una Verdad dada por D–os. Por ejemplo, las enseñanzas de Confucio influyeron en cierto grado sobre los chinos y las de Sócrates sobre los griegos, pero estos maestros nunca dijeron haber recibido instrucción Divina. Los antiguos galos, godos, tártaros, árabes (antes de Mahoma) y mongoles, tenían sólo tradiciones confusas y desordenadas. Estas tradiciones son en sí mismas la prueba más fuerte de su frivolidad e incredibilidad. Además de la tradición de la Torá, hay sólo otras dos tradiciones que tienen una apariencia de orden, la de los seguidores de Yeshu y el Islam.
J. –¿Cómo es que sus tradiciones se refutan a sí mismas y comprueban su falsedad?
S. –Los escritos de los seguidores de Yeshu establecen claramente que todos los Sabios de los judíos se oponían a ellos. Ni un solo hombre culto los apoyaba. Los notzrim (cristianos) también mencionan en sus escrituras que sus únicos seguidores eran algunos de los hombres más ignorantes y personas de la clase más baja. Aun entre ellos, la gran mayoría se oponía a los nazarenos. La afirmación de Yeshu de ser profeta, estaba basada en su propia palabra, pero ninguno de los Sabios o sus grandes asambleas que se encontraban en ése entonces muy activas, lo apoyaban. Los escritos de los seguidores de Yeshu coinciden en que los Sabios lo reprendían a él y a sus seguidores por violar las leyes de la Torá. Los escritos lo consideran de la simiente de David, pero al mismo tiempo afirman que no tiene padre. Y bien, aun los más ignorantes de nuestro pueblo saben que sólo el linaje a través del padre, se toma en consideración para la genealogía bíblica. Además dijo que no pretendía cambiar la Ley de Moshé, pero él mismo anuló algunas leyes y sus seguidores anularon todas. También dice ser el Mesías, cuya función según se predice en la Biblia, es redimir a Israel; pero con él vimos lo contrario de redención. Asimismo, su argumento de ser el Mesías quedo refutado por su muerte, pues el Mesías, como está claramente predicho por los profetas, aparecerá y gobernará en Israel en persona. Además las Escrituras predicen (Yishayá [Isaías] 45; Tzefaniá [Sofonías] 3) que todas las naciones se unirán bajo la fe verdadera con el advenimiento del Mesías; pero después de Yeshu, nada parecido aconteció. Por el contrario, surgió el Islam y se expandió en muchas naciones, mientras que el Cristianismo mismo se dividió en muchas sectas beligerantes que se mataban entre sí.
J. –Estos son argumentos incontrovertibles.
S. –He aquí algunos ejemplos de los errores extremos de los escritores del Testamento de Yeshu. Mateo escribe (23): “Zacarías, hijo de Berequías, al cual matasteis”. ¡Éste es un grave error! Pues al que asesinaron fue Zacarías el hijo de Yehoyadá (II Crónicas 24), 254 años antes de la destrucción del Primer Templo; mientras que Zacarías, el hijo de Berequías a quien no mataron, profetizó en el segundo año de Darío, 70 años después de la destrucción del Primer Templo. Un error de 324 años. También: (Marco 2) David entró a la casa de D–os siendo Abiatar el sumo sacerdote. ¡Error! Vino a Ajimélej, padre de Abiatar. Era Ajimélej y no Abiatar el sumo sacerdote en esos tiempos; y Abiatar no se menciona en la visita de David (I Shemuel 21). Una vez más: (Hechos 7) Y enviando Yosef, hizo venir a su padre Yaakob y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. ¡Otro error! Sólo eran setenta. Otro ejemplo (ibid.) Así descendieron Yaakob y nuestros padres (sus hijos) a Egipto, donde murieron y fueron trasladados a Shejem para ser sepultados ahí. ¡Error! Yaakob no fue enterrado en Shejem. Otra vez (ibid.) …trasladados a Shejem para ser sepultados en la tumba que compró Abraham de los hijos de Jamor en Shejem. ¡Varios errores! No fue Abraham sino Yaakob quien compró tierra en Shejem (Bereshit 33); Abraham no compró tierra en Shejem de los hijos de Jamor, sino en Jebrón a Efrón, como lo dice textualmente en Bereshit 23 y en otras partes. Otra versión aún peor dice que Abraham compró de Jamor el hijo de Shejem. ¡Error! Shejem era el hijo de Jamor.
J. –Éstos son errores que cualquiera puede ver. ¿No los explican de alguna manera?
S. –A sus eruditos actuales no les faltan explicaciones, incluyendo la afirmación que nuestras Escrituras son incorrectas. Pero aun dando las explicaciones que quieran, los seguidores originales de Yeshu dieron un testimonio para todos los tiempos de su clara ignorancia en asuntos sencillos. Pero recuerda que estos primeros escritores, estaban también interesados en comprobar su causa con las Escrituras, por lo tanto además de errores, hay numerosos ejemplos de párrafos en las Escrituras que distorsionaron intencionalmente. Por ejemplo, Pablo (a quien Tomás Jefferson llamó “el gran corruptor”) trata de probar que el verdadero pueblo de D-os no es Israel, sino aquellos seguidores de Yeshu, aun gentiles, y dice (Romanos 9): como está dicho en Hoshea (2) “¡Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío!” ¡Una distorsión evidente! Lee al final del primer capítulo de Hoshea. “Y D–os dijo, ponle por nombre LO-AMMÍ, porque no sois Mi pueblo”. Luego al principio del segundo capítulo: “El número de los hijos de Israel será como la arena del mar, que no puede ser medida ni contada y sucederá, que en vez de lo que se les dijo “Vosotros no sois Mi pueblo”, se les dirá “Vosotros sois los hijos del D–os viviente”. Ésta es la misma idea que se repite al final del capítulo “Y les diré a los que no habían sido Mi pueblo, eres Mi pueblo”. Pablo distorsiona la misma promesa que D-os hizo a Israel como Su pueblo, para demostrar lo contrario de lo que significa el versículo, y probar que los gentiles serán llamados el pueblo de D-os. Otro caso: el párrafo (Debarim 30) “Pues este mandamiento que Yo te ordeno hoy, no es incomprensible para ti y no está lejos. No está en los Cielos para decir: ¿Quién subirá por nosotros a los Cielos, lo tomará para nosotros y nos lo hará escuchar para que lo cumplamos? Y no está más allá del mar para decir: ¿Quién pasará por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá y nos lo hará escuchar para que lo cumplamos? Sino que la palabra está muy próxima a ti en tu boca y en tu corazón, para cumplirla”. Éste es un claro y evidente pasaje acerca de “Los Mandamientos” y la “palabra” de D–os que debemos “cumplir”.   Pero ellos (Romanos 10) lo citan para comprobar su propio punto de vista: “No digas en tu corazón quién subirá al Cielo, esto es, para traer abajo al Mesías, o quién descenderá al abismo, esto es para traer al Mesías de los muertos”. Otro caso: el pasaje (Salmos 40) “Sacrificios y ofrendas no quisiste, (me hiciste entender) al abrir mis oídos”. Un pasaje claro y manifiesto que el escuchar y obedecer a D–os es más importante que el donar ofrendas. Pero ellos (hebreos 10) lo citan para probar que el cuerpo de su guía se escogió como expiación en lugar de las ofrendas y lo explican así: “Sacrificios y ofrendas no quisiste, mas te apropiaste un cuerpo”. Otro ejemplo: el pasaje de Hoshea (11) “Cuando Israel era joven Yo le amaba, y al sacarle de Egipto le llamaba hijo Mío”. ¿Qué puede ser más obvio que eso? Pero ellos alegan que este pasaje es prueba de que D–os mandó llamar a su guía de Egipto, lugar al que dicen fue llevado de niño. Hasta un ignorante sabría que este versículo es una repetición del pasaje (Shemot 4): “Y dirás al Faraón, así dijo el Eterno: mi hijo, mi primogénito es Israel. Y dije a ti envía a mi hijo y me servirá”. La lista de tales ejemplos es muy larga.
J. –¿Y el Islam?
S. –Las propias palabras de Mahoma en el Corán refutan cualquier pretensión de veracidad. Sitúan a Hamán en los tiempos del Faraón que esclavizó a los israelitas en Egipto. Comete dos veces este craso error en dos distintas ocasiones. Él dice que fue el rey Shaúl y no Guidón quien probó a sus hombres bajándolos al agua a beber (Jueces 7). Acusa a los judíos de considerar a Ezrá como hijo de D–os, tal como lo fue Yeshu para sus seguidores, aun siendo que nadie de nuestro pueblo oyó alguna vez tal actitud para con Ezrá o cualquier otro de nuestros Profetas o Sabios. Sus narraciones de la Biblia son una miscelánea de errores. Alega que los judíos falsifican las Escrituras para contradecir al Islam; sin embargo, el hecho que las Escrituras ya estaban traducidas y en posesión de otras naciones 800 años antes de Mahoma, contradice esta declaración. Errores obvios como estos, refutan cualquier pretensión de profecía.
J. –Siempre tuve la convicción de que éramos capaces de refutar sus declaraciones, pero no me había dado cuenta, hasta ahora, de qué tan claramente las refutaban sus propios escritos.
S. –Además, Mahoma declara en numerosos pasajes que sus contemporáneos se mofaban de él como un impostor y le exigían milagros y señales convincentes. El tema más frecuentemente mencionado en el Corán, es la oposición y el escepticismo de su generación. Para impugnar a sus opositores que lo ridiculizaban, su única arma era la amenaza de castigo en el mundo por venir y la amenaza de destrucción en esta vida, de la que frecuentemente se encargaba con su propia espada. Tanto Mahoma, como los seguidores de Yeshu admiten que los judíos los rechazaban y que sólo los idólatras se adherían a su causa. Los mahometanos han mantenido en alto la verdad de nuestros libros proféticos por 1300 años, y los seguidores de Yeshu lo han hecho por 2000 años. Y aun así, ambos admiten que nuestros Sabios se oponían a ellos. Al admitir esto, comprueban su error.
J. –¿Cómo es eso?
S. –Porque la ley, que como ellos admiten proviene de D-os, establece (Debarim 17) “Cuando fuere dificultoso para ti un asunto de juicio, subirás al lugar que eligiere el Eterno, tu D-os e irás a los sacerdotes, los levitas y al juez que esté en esos días e inquirirás, y te dirán la palabra del juicio. De acuerdo a la ley que te enseñaren, y según la ordenanza que te dijeren harás; no te desvíes de lo que te dijeren, ni a la derecha, ni a la izquierda”. Si todos los seguidores tanto de Mahoma como del Nazareno admiten que todos los Sabios se oponían a ellos entonces, admiten también que los judíos hacen bien al obedecer a sus Sabios.
J. –Pero tal vez el mandato se refiere sólo a los jueces de Jerusalem, que posiblemente no estaban ya en los tiempo de Mahoma.
S. –Estuvieron ahí en los tiempos de Yeshu y lo rechazaron, como lo admiten las propias Escrituras de sus seguidores. Por eso, los seguidores de Yeshu refutaron la ley que exige obedecer a los Sabios de Jerusalem, “No te desvíes de lo que te dijeren, ni a la derecha ni a la izquierda”. Y ya que Mahoma declara en el Corán, que Yeshu fue un profeta, se opone igualmente a los Sabios de Jerusalem que lo rechazaron y por lo tanto él también está equivocado.
J. –Así es que su propia tradición demuestra sus falacias y su falta de conocimiento de las Sagradas Escrituras, así como el hecho que los judíos conocedores de la Ley se oponían a ellos y que sus únicos seguidores eran los hombres más ignorantes y los idólatras.
S. –Y que no se realizaron a través de ellos ninguno de los milagros evidentes, perennes, públicos e irrefutables. Pero nuestra tradición se mantiene entre las de las demás naciones como un ser viviente entre las estatuas de cera. Nuestros documentos afirman que toda nuestra nación, (siendo de varios millones), atestiguó con sus propios ojos y oídos la presencia de D–-os cuando Él les dio Su Ley en el Monte Sinai, y nuestros escritos no registraron un solo caso en que alguien desafiara este hecho. Nuestros documentos establecen que las plagas se infligieron sobre Egipto a los ojos de todos, tras haberse predicho que vendrían en la forma designada y en tiempo establecido, toda la nación egipcia las experimentó y todo nuestro pueblo fue testigo. Nuestros documentos establecen que toda nuestra nación presenció la partición del Mar Rojo, a través del cual pasamos y en el que los egipcios se ahogaron. Después de eso, durante 40 años, toda nuestra nación fue testigo constante de la nube de gloria Divina y la columna de fuego nocturna, y por cuarenta años cada persona comió lo que descendía del Cielo. Estos hechos no les fueron contados por individuos, sino que fueron presenciados por millones. La gente no era dócil, sino obstinada, pues se opusieron a sus guías en numerosas ocasiones y aceptaban sólo lo que podían ver. Aceptaron la Torá, no porque Moshé (Moisés) les mostró milagros, sino porque oyeron la voz de D-os que les hablaba desde el Monte Sinai. Tras recibir la Torá, pasaron cuarenta años en estrecha unión y escaso contacto con otras naciones, para que pudiesen consolidar su conocimiento de Torá sin infiltración de influencias extranjeras. Ya que no poseían tierras para labrar ni comercios, tenían el suficiente tiempo libre para dedicarse al estudio de la Torá con la máxima diligencia. La Torá no fue predicada por individuos que posteriormente lograban persuadir o coercer multitudes, como las religiones creadas por el hombre. Desde el primer día, la Torá fue aceptada por toda la nación sin excepción. Nuestras crónicas sagradas son escrupulosamente honestas en revelar las faltas de hasta los hombres más grandes; y aunque se registran casos de desobediencia, nunca hubo un solo caso en que se desafiara la verdad de la Torá o de los eventos del éxodo en el desierto, en los 1380 años desde que fue recibida la Torá en el Monte Sinai hasta la era del Segundo Templo y aún después.
J. –Ahora entiendo por qué las últimas palabras de la Torá son: a los ojos de todo Israel”. “Y no surgió otro profeta en Israel, como Moshé… y a quien el Eterno enviare a hacer todas las señales y los prodigios en la tierra de Egipto, al Faraón, y a todos sus siervos, y a todo su país; y por toda la mano poderosa y por todo el temor grande que causó Moshé a los ojos de todo Israel”. El hecho que tal expresión esté colocada en el mismísimo fin de la Torá, es evidencia de su extrema importancia.
S. –Bien dicho. Y se enfatiza esta máxima una y otra vez. Estos no fueron asuntos realizados en forma privada, presenciados por algunos individuos que luego persuadieron multitudes a creer. La multitud fue testigo ocular. “Y habló Aharón todas las palabras que dijo el Eterno a Moshé e hizo las señales a los ojos del pueblo” (Shemot 4:30). “Y alzó la vara y golpeó las aguas que había en el río, ante los ojos del Faraón y ante los ojos de sus siervos, y se convirtieron las aguas que había en el río, en sangre” (ibid. 7:20). “E Israel vio a los egipcios muertos sobre la orilla del mar” (ibid.14:30). “Y vio Israel el poder grande que usó el Eterno contra los egipcios” (ibid. 14:31). “Y que estén preparados para el tercer día, porque en el tercer día descenderá el Eterno a la vista de todo el pueblo sobre el Monte Sinai” (ibid. 19:11). “Y todo el pueblo percibía los truenos y las llamas y la voz del cuerno y el monte estaba humeando” (ibid. 20:18). “Y el aspecto de la gloria del Eterno, como fuego devorador en la cima del monte, a los ojos de los hijos de Israel” (ibid. 24:17). “Y vieron Aharón y todos los hijos de Israel a Moshé, y he aquí que brillaba la piel de su rostro y temieron acercarse a él” (ibid. 34:30). “Porque la nube del Eterno estaba sobre el tabernáculo de día y fuego había de noche en él a los ojos de toda la casa de Israel, durante todos sus viajes” (ibid. 40:38). “Que Tú, el Eterno, estás entre este pueblo, que a la vista Te apareciste Tú, el Eterno, y Tu nube está sobre ellos, y en columna de nube, Tú andas delante de ella de día, y en columna de fuego de noche” (Bamidbar 14:14). “Al día siguiente de Pesaj salieron los hijos de Israel con las manos en alto, a los ojos de todo Egipto” (ibid. 33:3). “Y dio el Eterno señales y prodigios grandes y funestos en Egipto, contra el Faraón y contra toda su casa, ante nuestros ojos” (Debarim 6:22).